Bueno volví. Exteriormente, las cosas son las mismas. Las mismas así, volver es como saltar a un tren en movimiento. El tren ya venía avanzando sin mi, y no va a detenerse por mi. Tengo que adaptarme, es raro, es como un nuevo mundo, muchas cosas no me acuerdo, muchas personas no me acuerdo, muchos momentos no me acuerdo.
Ya van dos semanas y todavía se me cruzan palabras en portugués en mi conversa. No sé como buscar trabajo. No tengo dinero. No sé como ser una persona normal.
Ya van dos semanas y volví a los viejos hábitos, duermo y despierto tarde, entre otros.
A veces me sorprendo a mi misma siendo autoexigente. Quiero encontrar trabajo, y ser lo que era en la misón, trabajadora, diligente, obediente, organizada, sociable, servicial, proactiva, autosuficiente.
Pero al mismo tiempo quiero un descanso, no preocuparme por las expectativas, por organizar mi día, semana, vida. Es mucho pedir? Y me siento culpable cuando soy un poco despreocupada, cuando me levanto tarde y solo paso el día viendo tele o jugando en el celular. Porque soy exigente conmigo misma, porque soy cambiante, indecisa.
Mi cabeza es un caos, nada coherente sale de lo que escribo, mis ideas están desordenadas, pero así quiero escribir, así quiero entenderme. Hoy mi cabeza está confusa, mañana tal vez mejore.
De mi experiencia como misionera, descubrí, acepté y aprendí a amar mis debilidades. En un sentido para ayudarme a crecer y aprender, donde me esfuerzo por aceptarlas como parte de mí, pero también donde me esfuerzo por trabajar con ellas, mejorarlas, fortalecerlas, y no dejar que me controlen, sino que yo poder controlarlas.
Pero hoy día quiero ceder a ellas, quiero no tener que preocuparme por las expectativas, por lo que los otros dirán, por lo que es correcto, quiero simplemente ser, hacer, vivir. Hoy es así, mañana pensaré diferente y así cada día, eso es lo que las personas cambiantes hacen, cambian de opinión y parecer con frecuencia. Algo que no es fácil aceptar en mi. No sé.